CORONAVIRUS MADRID/DÍA 15

A OTRA COSA, MARIPOSA

España se adentra, al fin, en esa meseta que antecede a la "desescalada", el nuevo palabro pandémico al uso. Bajamos de los 850-900 muertos diarios de hace unos días, a los 600-700. El número de contagios desciende claramente, también el número de muertos, así como el famoso "R", que es el multiplicador de contagio y que cae, aleluya (feliz Pascua de Resurreción), por debajo de 1. El "Pico de la curva" ya ha quedado "démodé"
Casi de la noche al día, hemos pasado de hablar de saturación de UCIs y acumulación insólita de féretros, a pelearnos por el paisaje después de la batalla. El lunes 13, podrán volver al tajo construcción e industria, además de los servicios esenciales que ya funcionaban, pero los demás seguiremos confinados.
Estados Unidos se desboca hacia la tragedia, miles de ataúdes de "homeless" se acumulan en fosas comunes de la isla de Hart, NY. El primer ministro británico, Boris Johnson, abolicionista inicial del confinamiento y experimentador renegado de la "inmunidad de grupo", sale del hospital con mala carucha tras pasar por cuidados intensivos, no así otros miles de británicos, que saturan el NHS. Europa aprueba un primer paquete de fondos para paliar la devastación económica, pero queda el segundo y definitivo "round", el de los "coronabonos" o cómo pagar esta hecatombe haciendo una derrama comunitaria.
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La gente te dirá que no porque queda feo, pero yo siento que todo el mundo da por amortizado el tema. Estamos al borde de los 17.000 muertos y nos hemos hecho al "suma y sigue" de víctimas con el cuajo que confiere toda tragedia con visos de instalarse una temporadita en tu vida.

Aparte de bizcochos y otras moles de carbohidratos horneados, la gente ya no comparte en las redes sociales esos vídeos rebosantes de creatividad, ánimo y solidaridad que se coronaviralizaban constantemente, hace tan solo un mes. Los cantantes ya no crean temas all together e incluso algunos artistas se han puesto en huelga, porque "esto" les está hundiendo. Los entiendo -aunque no sé si era el momento de ponerse intensos- pero sobre todo agradezco que hayan parado de crear un rato, porque estaba a punto de desinstalarme Instagram, esa red social dedicada al horneado de bollos y los directos en acústico.

Hay claramente dos bandos: las víctimas, cuyas historias conmocionaban al principio, pero que empiezan a normalizarse y a parecerse todas demasiado como para recibir la relevancia mediática inicial, y la gran masa, que comienza a "desescalar" por su cuenta el miedo. Las víctimas lloran sin ser demasiado vistas, sobre todo porque no podemos verlas. Los duelos sin velorio y sin abrazos, sin testigos del dolor, contribuyen a sepultarlas en un halo invisible junto a sus difuntos. Ver para creer, no ver para no creer. De cajón.
En cuanto a los demás, los del bando no perdedor, como van viendo que salen de ésta y que la cresta de la ola se arrima a la orilla, parecen haber descontado ya el Covid-19, sin percatarse de que justo cuando se baja la guardia es cuando más riesgo hay, pero como han bajado la guardia, también lo han hecho respecto a esta frase manida.

Sociedad licuada
Todo esto tiene también que ver con la velocidad a la que transcurre todo últimamente, ya sabes. En la sociedad "líquida" que todo el mundo tiene en boca no es que no exista el medio o el largo plazo, es que da gracias si recuerdas lo que pasó la semana pasada y puedes glosarlo. Si la invasión budista que sufrimos desde hace algunos años quería dejar su impronta en el tercer ojo de los gobernantes, ha dado en el gong. Nunca ha importado tanto solo el presente, o más bien el futuro inmediato, que es como la cinta de correr: tú no paras, pero no te mueves. Nada dura, nada perdura. Da igual lo que hayas hecho ayer, porque no hay tiempo ni para reprochártelo. La información se nos vomita en tales magnitudes que somos incapaces de elegir trama, así que solo flotamos viento en popa a la deriva.

En este contexto, la pandemia del Covid-19 viene que ni pintada. Es la ideal para su época: no hemos asistido a un conflicto largo, enquistado, desgastante. A Dios gracias. Estamos viendo pasar como una exhalación una plaga de Oriente a Occidente, como si fuese un "time lapse" del recorrido del sol, de su eclíptica de levante a poniente. Apenas da tiempo a parpadear cuando te pilla a ti el cenit, solo aciertas a entornar los ojos y soportar el fogonazo, hasta que puedes pasar a otra cosa, mariposa. "To another thing, butterfly" bien podría ser el lema de esta sociedad líquida tirando a licuada.

Todo esto no es más que un trampantojo, por supuesto. Los estragos son profundos; los problemas, complejos; las soluciones, sesudas; los dolores, arraigados. Cualquiera sabe que el daño de toda índole va a su ritmo, carcomiéndonos individual y colectivamente des-pa-ci-to, del mismo modo que toda sanación y duelo requieren de tiempo y cuidados, pero nosotros vamos al ritmo del Covid cabalgando en su blitzkrieg.     
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No podremos analizar con calma el balance de la crisis, comparar con sosiego los errores y aciertos propios y ajenos, ni reparar los daños hechos, ni sus atávicos orígenes. No nos engañemos. No podremos hacer nada de esto, porque en ese momento no nos importará. La sociedad licuada estará respondiendo enardecida al debate calentito de ese día o de esa semana. Seguramente tenga que ver con el Coronavirus, pero jamás abordará todas las disfunciones que nos han dejado sin mascarillas o sin valores fundacionales de Europa. Nadie podrá parar el tiempo, ni los escupitajos con mascarilla de los rivales, para observar el sistema bulímico y descontrolado que llevamos décadas construyendo.
A nadie le interesará esa pieza defectuosa del avión que solo asoma en dos planos de las pelis de catástrofes.

Cuando corresponda extraer esas lecciones a las que tanto trovan los artistas en sus nuevos coronatemas, estaremos posicionándonos con el asunto del momento para seguir flotando a metro y medio de los arrecifes.
La marcha es grande y el relato es su profeta. La verdad, como los hechos, no importan, por mucho que se empeñen esos loables "fact checkers" que solo verifican la información ajena y rara vez la propia. La realidad ha quedado licuada en un magma de propaganda, en el que el Covid-19 ha encontrado su caldo de cultivo perfecto y para el que nosotros no tenemos vacuna.




(A.F.R. in memoriam.)

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