CORONAVIRUS TEMPORADA 1 EPISODIO FINAL

VIENTO EN POPA A LA DERIVA


Ya no quiero escribir más sobre este virus y sus estragos, como ya casi nadie quiere hablar de este virus y sus estragos. Procedemos a archivar a todo trapo tres meses insólitos en la Historia reciente de Europa, con sus centenares de miles de fallecidos, y  nos ponemos a organizar el verano, también a todo trapo.
Abrir fronteras cuanto antes, promover el turismo con las mismas prisas con las que hasta ayer se disuadía, desinfectar frenéticamente las mesas de las terrazas, controlar el aforo en bares y museos, plantar estacas en las playas para marcar distancias y ponerle a todo un manto protector que, como el de las Vírgenes, funcione más por devoción que por eficacia.

Urge sacarle al verano todo el jugo posible y le urge a todo el mundo: a nuestros comercios exangües, a nuestros hoteles fantasmagóricos, a nuestros guiris sedientos, a nuestras arcas esquilmadas. También le urge a nuestras cabezas desnortadas: no sabemos qué haremos, ni dónde iremos. No sabemos si lanzarnos o contenernos, si ser precavidos o echar canitas al aire. No atinamos con el exceso, ni con el defecto. El calor y los baños nos han pillado recién salidos del agujero de gusano y nos tiramos al tinto de verano y las chanclas porque sabemos que toca, aunque andemos sonados. Pese al barniz de alborozo que tiñe las charlas nocturnas en porches, terrazas y parques, y pese al sonido de chapuzones y reggaetones que retumban en la lejanía, no logramos quitarnos la sensación de irrealidad que nos acompaña desde hace meses.

El Gobierno lo llama "nueva normalidad". Está bien hallado, porque esta vida de "sí, pero no" que llevamos muy normal no es. La amenaza de rebrote está en boca de todos y los informativos abren a diario con los "focos" de virus que andan activos por el país. Se nos dice que el verano ya llegó, ya llegó, ya llegó y la fiesta comenzó, comenzó, comenzó, mientras se nos restriegan amenazas de reconfinamiento con imágenes atroces de cuidados intensivos y féretros. Coge tu gel hidroalcohólico y póntelo, vamos a la playa calienta el sol, sibiribirí poropopó. Muy normal no es.

¿Qué pasará a la vuelta?
La gente está en modo Grecas, creo: "prefiero no pensar, prefiero no sufrir" y esto vale tanto para lo venidero, como para lo pasado. Ahora se entiende por qué las generaciones que encajan guerras nunca hablan de ellas y conjuran los instintos vindicativos o reparadores de sus vástagos con el mantra "lo que pasó, pasó, hay que vivir". Me da la sensación de que el personal empieza a manejarse en la incertidumbre con mayor destreza y menor desasosiego que hace unos meses, cuando el miedo al qué será lo tetanizaba todo.

La gente se bandea dignamente en un carpe diem de chiringos y mascarillas, habiendo integrado todas esas frases sobre el presente que, hasta ahora, solo compartían en sus redes sin acertar a aplicarlas. Parecemos tenerlo claro y eso es bueno: a cada día, su afán; mañana, Dios dirá; si sale con barba, San Antón y que nos quiten lo bailao. En una sociedad permanentemente acojonada como la nuestra, es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la Humanidad.

Quizá esta nueva normalidad emocional es la que ha llevado a la sociedad estadounidense a salir masivamente a las calles, sin miedo al Covid, ni a esa policía a la altura letal del virus. El movimiento #blacklivesmatter, surgido a raíz del cruel asesinato de George Floyd, ha sido otra señal más de la irremisible decadencia americana y del fin de viejo orden mundial.

¿Quién nos iba a decir, a quienes nos críamos viendo pelis de Rambo y la caída del muro de Berlín, que Estados Unidos sería hoy uno de los países desarrollados más vulnerables a esas pandemias que doblegaba sin pestañear en sus propias superproducciones? ¿Quién podría imaginar que el líder de los aliados y salvador de la libertad de Europa se transformaría en un amigo poco de fiar, liderado por ese vecino vulgar y maleducado que gruñe y chochea en toda reunión de comunidad? Pues así estamos. Europa prohibiendo la entrada en su territorio de norteamericanos y rusos por incompetentes; ya me dirás si no hay mejor metáfora del fin de una era que dominaron entre ambos.

Si el nuevo orden mundial que alumbrará este período de entretelas es una incógnita, no lo es menos el nuevo orden personal de quienes tenemos pendiente hacer balance de pérdidas y ganancias. De momento, nos importa lo justo, pues si algo tenemos claro es que primero toca vivir este verano extraño y después, que salga el sol por Antequera. Nunca supimos a dónde íbamos, ahora solo nos damos cuenta, así que levemos anclas, zarpemos y surquemos lo que toque...viento en popa a la deriva.




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