Hoy han muerto 655 personas y se supone que no está tan mal, porque ayer fueron más. No doy la cifra de contagiados porque me resulta estúpido llamarla así, cuando solo representa a una ínfima parte de ellos. Debemos andar ya por los millones de enfermos leves, moderados, graves y críticos y continuamos dando por buenas esas decenas de miles que solo incluyen a (no todos) los ingresados y sanitarios.
España se bate el cobre con Italia y Francia para mutualizar el coste de la reparación de esta locura en Europa, mientras que Alemania y Holanda dicen que cada palo aguante su vela. Más allá de consideraciones económicas, sobrevuela la eterna arrogancia con los PIGS. Cuando no tengan mascarillas para sus rubicundos y sonrosados rostros, ya volveremos a hablar.
Cerca de 900 muertos en las residencias de Madrid. Y lo que queda. Aquí no solo la pifian unos y otros, sino unos y otros. A ver si lo entienden ambos.
He perdido la cuenta de los días que llevo encerrada. Creo que son 16, de los cuales va para una semana con el bicho.
----------------------------------------------------------
Me ha quedado un título de película "S" de los años 80, pero los días de confinamiento y especialmente los días de confinamiento agitado, no mezclado, aislado e infectado me tienen el equilibrio mental un poco en el límite. Creo que la gente, esa entelequia a la que ya no ves más que por pantallas de plasma o en las redes sociales con sus iconitos, está un poco como yo, porque se masca la tensión en el ambiente. Huele a motín domiciliario, a asonada casera contra esta mierda surrealista; huele a gente asestando puñetazos a los peluches de sus hijos o a los cojines de sus camas. Huele a parejas en chándal hablando más alto de lo deseable, a vecino sádico delatando compulsivamente a paseantes, a forofos del Marca sin liga y sin cerveza... Huele MAL.
Bueno, huele mal para los demás, porque yo no huelo nada por cortesía del Coronavirus. Tengo ANOSMIA, que consiste en no oler nada, ni que nada te sepa a nada. Hoy he cortado un diente de ajo, me he metido una mitad en cada una de las fosas nasales y no he notado NADA. Bien, pues con todo y con eso, pese a los seis días de fiebre y mialgias y cefaleas y ronquera y amigdalitis, la línea de atención de la Comunidad de Madrid niega que tenga CoVid-19, porque no toso. Entiendo perfectamente que tengan que priorizar y yo no soy una enferma grave, pero sí encuentro absurdo que limiten tanto los síntomas, porque excluyen a centenares de miles de positivos leves, que son claves en la propagación, porque los pacientes más serios se auto-aíslan en cuanto asoman síntomas evidentes.
De Asia nos sigue llegando la consigna "test, test, test" para monitorizar a toda la población infectada como única forma de parar el virus y aquí los únicos tests que han llegado también vienen de Asia, pero del Híper Asia. Podría añadir que nos están engañado como a chinos y sería un poco de chiste de Arévalo, pero no menos cierto. Europa, en general y España, en particular, (con todas las Comunidades Autónomas compitiendo entre ellas y con el Gobierno central para ganar coronapuntitos de popularidad) andan a la caza de material sanitario en China y tendría gracia esa carrera a la desesperada por comprar el disfraz del niño a las diez menos cuarto de la noche en el bazar, si no fuera porque sin el disfraz, el niño se muere.
Los occidentales -qué ganas nos tenía el mundo (especialmente, el tercero), lo bien que se lo estarán pasando y lo mucho que me alegro- somos un espectáculo, ahora mismo. No solo andamos a la carrera pujando por batas y cubrebocas con todos los mafiosos de polígono de Guangdong, desde nuestra cumbre del desarrollo y del bienestar, sino que pensamos que podremos con el CoVid-19, porque eso solo le pasa a los chinos y a los italianos. Y a los iraníes. Y a los españoles. Bueno, y a los coreanos, "pero nosotros nos pareceremos más a ellos", pensamos en cadena. Los españoles practicábamos el pensamiento mágico hasta hace bien poco; en concreto, hasta que la curva que tenía que doblarse se puso enhiesta como el mástil de Colón.
Da ternura ver a los presidentes europeos y americanos, hasta los más nacionalistas y oxigenados de ellos, repetir los mismos discursos de gallardía y poderío, cuando sabes que les aguarda el mismo escarnio de EPIs (Equipos de Protección Individual, aunque en este caso bien podría ser el personaje de Barrio Sésamo) hechas con bolsas de basura y mascarillas de obra del Bricomart. Asistir a las ilusiones y topetazos con la realidad de todos tus vecinos de Europa es un poco como cuando en las pelis de cárceles llegan los novatos repeinados en autobús y tú eres el cínico veterano susurrando "carne fresca". Qué quieres, no hay mucho más que hacer.
Si hablas varias lenguas y te entretienes en las redes sociales, asistes al siguiente déjà-vu de tu propio país, pero con doblaje:
- confinamiento oficial
- hashtags de unidad y de quedarse en casa
- vídeos de gente (mucha) que se pasa por el forro el confinamiento, con mayor o menor connivencia del Gobierno de turno
- aplausos a los sanitarios
- memes de confinamiento, porque aún no hay mucho panorama de terror
- llamamientos al respeto del confinamiento del líder de turno
- gente mentándole al líder de turno a todos sus muertos, porque empieza a cantar que no hay mascarillas
- líder prometiendo que ha comprado millones de mascarillas en Hiper Asia
- líder tangado con mascarillas que nunca llegan o llegan defectuosas
- Hashtags pidiendo la dimisión del líder
Occidente viene siendo más o menos esto, en los últimos días. Si hay orientales desternillándose a escondidas en sus almacenes, se entiende. Si son africanos o sirios haciendo peinetas, hasta se comparte. Qué espectáculo de desarrollo y progreso, señores. Qué triunfo incontestable de la modernidad y el capitalismo. Millones de blancos con sus Teslas, y sus iPhones gritando como alma que lleva el CoVid, porque no tienen mascarillas desechables.
Se confirma que el virus procede del pangolín, que es un bicho bastante majo con nombre de bollo industrial o de polo de Frigo. Pero claro, he visto una foto de varios pangolines muertos en el puesto de un mercado, me he imaginado a alguien zampándose eso y he entendido súbitamente el cortocircuito que tiene ahora mismo mi sistema inmunológico y la ANOSMIA que me ha provocado, con enorme sabiduría, por si me diera por repetir la cata. Que Occidente ha perdido ya cualquier batalla ante Oriente lo saben hasta los chinos (Arévalo in my mind): no ya porque comen pangolines como quien se atiza un lechazo, sino porque hace años que cuando todo está cerrado y tú tienes una emergencia, solo queda abierto el Hiper Asia.
Interesante crónica. Comentarte que tienes una escritura muy fluida, iba a decir prosa, pero me dio no sé que, en fin que da gusto leerte, desde Barcelona un abrazo en la distancia y los mejores deseos de alguien a quien también horrorizaron las palabras de Ponsati.
ResponderEliminarMñ te leo. Ánimo, fuerza y esperanza. Pd
Ha sido un placer leer esta columna. Espero que te recuperes pronto y espero poder seguir leyendo más entradas como ésta. Saludos.
ResponderEliminar